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    Controlar el comportamiento del otro puede perjudicar a la pareja

    junio 15, 2010

    Cuando Juan Carlos y Florencia comenzaron terapia conmigo, estaban a punto de divorciarse después de 15 años de matrimonio. Ellos no querían terminar su matrimonio, pero se sentían personas miserables. Creían que su sufrimiento era provocado por la otra persona, y al mismo tiempo, tenían la capacidad de expresar claramente que cosas estaba haciendo mal el otro.

    Juan Carlos decía que “Florencia es una persona distante y poco afectuosa, cuando estamos juntos ella siempre me critica. Tengo la sensación, de que nunca puedo hacer algo bien de acuerdo a lo que ella espera de mí. Yo trato de complacerla en todo lo que puedo, pero no importa lo que haga, siempre no es suficiente para ella.”

    Controlar el comportamiento de tu pareja perjudica la relación

    Florencia se refería sobre Juan Carlos diciendo que “no puedo acercarme a él. Es una persona realmente muy agradable, pero no puedo sentir nada. Ahora me siento irritada con su comportamiento y no sé realmente por qué. Percibo que siempre quiere algo de mí y no me gusta estar cerca de él. Y me siento mal por sentirme así! ¿Qué es lo que me pasa que no me gusta que alguien sea amable conmigo?

    Pude observar que el problema de fondo en la relación, es que ambos estaban anclados en querer controlar el comportamiento del otro, pero esto no era de manera consciente.

    Juan Carlos es una persona que le gusta cuidar del otro. Trata de controlar con la postura de “ser una buena persona” y haciendo todo lo que pensaba que quería Florencia, como por ejemplo, preparar la cena, lavar la ropa, cuidar de los niños, a pesar de que ambos trabajaban.

    Él consideraba interiormente que si era agradable, podía controlar a Florencia. Lo que no sabía es que su amabilidad provocaba una gran molestia en ella y que era una de las razones por la cual ella mantenía distancia con él. En su interior, él tenía un gran temor al rechazo y estaba tratando de controlarla y de no de sentir su rechazo.

    Ella trataba de controlarlo a él a través de las críticas, lo hacía en cualquier momento, tenía la esperanza de que si lo criticaba mucho, él no se alejaría y se sentiría atraído por el afecto, el sexo y la atención de siempre. Inconscientemente, Florencia tenía un gran miedo y estaba tratando de protegerse para no ser absorbida y controlada por Juan Carlos. Ella no podía acercarse a él hasta que el no sea una persona autentica.

    Juan Carlos tomo una actitud de protección contra el rechazo, justificándose en el temor de control que sentía Florencia, mientras que ella se escudaba en temor que tenía Juan Carlos al rechazo. Pero ¿Cuál era la manera de salir de ese círculo vicioso de autoprotección?

    Ambos tenían que aprender a que primero, debían cuidarse a sí mismos en lugar de intentar controlar al otro. Juan Carlos necesitaba aprender a no tomar el comportamiento de Florencia como un rechazo personal. Debía entender que su rechazo era porque no quería ser absorbida por las personas.

    Juan Carlos debía amarse a sí mismo, en lugar comportarse como una persona agradable frente a ella. Tenía que aprender a tomar la responsabilidad por sus propios sentimientos, en lugar de depender de ella para sentirlos. Era importante que le dejara espacio a ella para que aprendiera a controlar sus valores y sentir seguridad sobre sí misma.

    Ella debía aprender a comunicar su punto de vista sobre su verdad, sin culpar ni juzgarlo a él. En lugar de retraerse y criticar, era necesario que conociera sus propios sentimientos y fijar los límites de amor hacia él, sin enfocarse en el temor a ser controlada.

    Es importante que hiciera ciertos comentarios acerca de las actitudes que él tenía como por ejemplo: “Juan Carlos te agradezco la cena que has cocinado, pero siento que lo has hecho con la expectativa de lograr algo más, me gustaría que lo hagas cuando realmente sientas las ganas de cocinar para ambos. Preferiría que no cocines, a menos que tengas ganas de hacerlo sin una finalidad extra.”

    Después de un tiempo de ver cuáles eran los errores que estaban cometiendo como pareja, decidieron que valía la pena, en primer lugar, aprender a cuidarse a sí mismo, a ser cariñosos, y luego, dedicarse a las cuestiones matrimoniales.

    Ambos determinaron que debían asumir plena responsabilidad de sus propios sentimientos y de sus necesidades emocionales, permitiéndoles esta nueva actitud salir de ese círculo vicioso de protección, control y amor enfermizo. Como consecuencia, el amor que tenían guardado hacía tanto tiempo, volvió a resurgir gradualmente, gracias al esfuerzo y al gran amor que se tenían como pareja.